24 de febrero de 2011

Nadie admite las críticas



--reflexión de un oyente--
Los poetas reciben bastante mal las críticas, es impensable que a alguien que le hayan publicado algo, se le pueda decir: “oye, tus poemas son más bien regulares, incluso algunos infumables”, --salvo claro está que asumas el riesgo de que te deje de hablar--.
No te lo dirán abiertamente, incluso a veces te la pedirán, --la critica-- a hurtadillas como una concesión inevitable hacia un imposible diálogo entre el poeta y los oyentes. Otros directamente son más contundentes: “ni se te ocurra criticar lo que acabo de leer, hoy no, que me hundes la moral”. Nunca te dirán: QUIERO OÍR TU OPINIÓN, ¿QUE TE HA PARECIDO mi poema? no, su ego de poeta no se lo permite, siempre buscarán una excusa, los nervios, una mala dicción, la escasa concentración del público, el ruido de fondo, cuando no acaba perdiendo definitivamente los papeles acusando a sus interlocutores de incapacidad para entender su poesía, o les tacha de subnormales culturales.
Señoras, señores: nos hacen falta toneladas de humildad, de empatía y de ganas de interactuar. Al fin y al cabo cuando las palabras salen del universo privativo del creador, se escriben para los otros o se leen, estas se transforman en transmisores de sentimientos o vivencias, en comunicación. En cambio, la mayoría de poetas solo buscan refrendar su autoestima, subrayar o restregar ante los demás sus versos, algunos buenos, otros infames que siempre son los mismos, los versos que han leído, que les han gustado, versos retocados, algunos apropiados, influenciados, versioneados, retomados, inseguros en sus bocas egoístas, la mayoría incluso innecesarios.
Ante tanto recital por el que fluye incontinente la poesía con ese ritmo de galopante productividad –el tiempo es oro y mañana hay que trabajar--, y recibiendo en los oídos la eyaculación precoz del poeta y la amalgama variopinta de improntas y vomitonas diversas; reclamo directamente las pausas, los silencios, la critica y la reflexión.
Las personas, nuestros mundos subjetivos, todos ellos son diferentes y necesitamos que las palabras se depositen y también estaría bien poder decirle al poeta sinceramente si nos ha gustado o no, si nos han llegado sus metáforas, sus imágenes, su visión del mundo o nos ha dejado como un témpano de hielo. Todo eso, para mí y para otros pocos, también es POESÍA.
Félix Menkar . 12 oct.09

15 de febrero de 2011

Batalla entre miserables


Las luchas más encarnizadas hoy en día son entre pobres y desheredados.

ESPECULACIÓN.-

En los últimos años un nuevo mercado especulativo ha aflorado: “el mercado de créditos de dióxido de carbono”, los especuladores e inversores-piraña no se dedican solo a las inversiones inmobiliarias o el mercado de futuros o a cualquier otra ingeniería financiera –al estilo clásico de Georges Soros--, ni siquiera como antaño explotar esos pozos de riqueza que son el mercado de armas (industria de armamentos por un lado y tráfico ilegal por otro), ni siquiera todo el lodazal que orbita alrededor de las drogas (legales o ilegales) que representa sumas astronómicas.

Ahora lo que se lleva, lo más ad-hoc es comprar cuotas de emisiones de dióxido de carbono (vamos de contaminación por hidrocarburos) a los países industriales. Estos las llamadas locomotoras económicas no pueden dejar de contaminar para así mantener su ritmo de producción industrial (los países occidentales y los emergentes venden a los pobres su cuota de emisiones a cambio de que ellos no rebasen la que tienen asignada), a bote pronto parecen nimiedades, retales, pero sabemos que en estos ‘mercados’ se mueven hasta ciento cincuenta mil millones de dólares (la mitad del negocio de las armas). En resumen: hecho el cupo hecha la trampa, otra rastrera y montaraz practica habitual de la especie humana.

FUTURO.-

Nos hemos quedado sin un modelo de futuro deseable, al parecer no podemos crecer sin situarnos al borde de la tragedia…..(más desigualdades, más cambio climático, más superpoblación y consumo innecesario etc.)

Y nos encontramos con unos grupos conservacionistas melancólicos, como si valiera la pena lo que tenemos que conservar, realmente excepto la naturaleza salvaje poco queda con un valor real digno de conservar, además la vida paupérrima que tienen la mayoría de poblaciones pintorescas y tradicionales es lamentable, se ha perdido casi toda la esencia y solo quedan recuerdos y vestigios.

Tiene poca gracia decirle a los que se mueren de hambre en el Sahel o en Haiti que deben de conservar su estilo de vida, sería el tipo de discurso efectuado por necíos o peor aun por cínicos, o sea por la superior civilización occidental.

Félix Menkar

4 enero 2011

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